Archivo | octubre, 2013

Energía islandesa

30 Oct

Cuando se aterriza en Islandia, se tiene la sensación de que se está lejos de todo. Menos del Blue Lagoon (la laguna azul, piscina natural de agua caliente enorme, una de las principales atracciones turísticas del país y que está muy cerca del aeropuerto). Al coger el autobús que va del aeropuerto al centro de su capital, Reikiavik, no se ven casas al lado de la carretera, ni árboles, ni tráfico, ni edificios altos en el horizonte. Solo rocas y arena negra  por todas partes.

Me alojaba en el albergue oficial de Hostelling International (www.hihostels.com) uno de los mejores albergues donde he estado nunca. Allí todo es grande, limpio, nuevo, cómodo, enseguida te sientes como en casa. Sin hablar de las enormes  cocinas donde es usual compartir alguna comida con otros huéspedes. Aunque también recuerdo el fuerte olor de azufre (a huevo) al abrir los grifos (evidentemente la causa no eran las tuberías del albergue sino la característica geología islandesa) así como la luz que entra en la habitación ya pasada la media noche (por suerte tienen persianas).

Como es costumbre en los albergues, en la recepción puede encontrarse todo tipo de información sobre las excursiones, visitas guiadas, salidas nocturnas, etc. Lo que a mí me interesó, era una excursión de todo el día que se componía de diferentes etapas: la primera, era la planta de energía geotérmica a proximidad de la capital, Hellisheidarvirkjun, (sí claro, he tenido que buscar el nombre, si no, cualquiera se acuerda…)  Desde allí se visitaban varios parques naturales, para disfrutar del paisaje y ver los géiseres, de los que el más conocido, hace una erupción cada 7 minutos (no es difícil imaginarse al grupo de turistas con las cámaras rodeándolo esperando el momento). Después, nos llevaban a otro parque donde podían intuirse, formando con sus formas el decorado, las placas tectónicas americana y europea, una frente a la otra.

Lo menos interesante, sin lugar a dudas para mí, era la visita a la “fábrica”, pero bueno, hacía parte del paquete…

Al día siguiente, un pequeño autocar pasó a recogernos al albergue. Aunque era el mes de mayo, la situación geográfica de Islandia hace que el tiempo sea muy variable, es casi como tener todas las estaciones del año cada hora. Hay que agradecer que las corrientes de agua caliente que pasan bajo la isla hacen que nunca se alcancen temperaturas tan bajas como en otros puntos situados a su misma latitud.

Al final, lo de estar dentro de la planta geotérmica no fue tan mala idea, al menos no hacia frío, ni llovía (o granizaba). La guía nos acogió  y nos invitó a sentarnos en unas grandes escaleras en el hall de entrada. Cuando empezó a explicarnos el rol que tuvo Hellisheidi , actualmente la segunda planta geotérmica más grande del mundo, para el desarrollo  del país , entendí que aquella visita era necesaria.

Parque natural en IslandiaBlue Lagoon, Iceland

Islandia (tierra de hielo) , antes de ser el estado de bienestar rico y  ejemplar (o al menos eso nos parece en los países del sur) fue un país pobre y contaminado. Su clima poco agradable y sus tierras áridas no permiten el cultivo ni favorecen la existencia de bosques. El país se veía obligado a importar materias primas como la leña o el carbón de otros países para que sus habitantes pudieran hacer frente a las bajas temperaturas invernales.

La suerte del país cambió después de la Segunda Guerra Mundial. Islandia, “invadida” por las tropas inglesas primero y por las americanas después, fue un punto estratégico entre los continentes americano y europeo, donde los aviones americanos podían parar a repostar, antes de alcanzar la entonces lejana Europa. Esta colaboración le valió a Islandia el poder beneficiarse del Plan Marshall, que contribuiría al desarrollo de la gestión de la principal fuente de energía del país.

La energía geotérmica calienta actualmente los hogares islandeses de manera limpia y económica. Incluso ahora es esta pequeña isla quien tiene la opción de exportar su energía y de aconsejar a otros cómo hacer lo mismo. Todo un ejemplo de desarrollo inteligente.

Aprendí mucho durante la visita a Hellisheidarvirkjun, pero como no hay que exagerar,  he preferido poner una foto del Blue Lagoon y una en un parque natural (de cuyo nombre no puedo acordarme); que ilustran mejor el atractivo de Islandia que las de sus centrales de energía.

 

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Un fin de semana en Lyon

7 Oct

Hace unas semanas fui a pasar un fin de semana a Lyon. Iba a visitar a una amiga que se había instalado allí hacía unos meses. Viniendo de París, « casi todo » parecen ventajas : los apartamentos tienen el doble de metros cuadrados por el mismo precio que en París, es mucho más fácil encontrar aparcamiento, las mesas en el restaurante no están pegadas con las de gente que no conoces  y el metro es mucho más amplio, limpio y moderno.

Yo ya conocía la ciudad, pero hacía algunos años que no iba. Uno de los recuerdos que tenía era la dificultad que tuve para encontrar un restaurante japonés entre los típicos bouchon  leoneses, como se denominan allí los restaurantes de cocina tradicional. Eran los años en que empezaba a extenderse la “moda” del sushi y empezaba mi adicción. Diría que este aspecto ha mejorado y que hay más variedad, aunque quizá la diferencia sea que ahora se pueden buscar con una aplicación de móvil, lo que hace mucho más fácil su localización…

No recordaba que Lyon fuera tan medieval como me lo ha parecido esta vez. Quizá sea porque paseé bastante por la zona de la presqu’ile,  la “casi isla”, ya que esta zona se sitúa entre los dos ríos que cruzan la ciudad, el Saona y el Ródano (la Saone et le Rhone, suena mejor en francés).

En la parte más antigua de la ciudad, conocida como le vieux Lyon además de la típica catedral, puede visitarse un anfiteatro romano muy bien conservado. Como esta zona ya la conocía, quise ir al parque de la Tête d’Or: una amiga me había asegurado que valía pena y  yo no me imaginaba que Lyon pudiese tener una zona verde y de recreo tan grande dentro del espacio urbano.

Flamencos en el parque de la Tête d'Or (Lyon) Cebra  Cocodrilo en el parque de la Tête d'Or (Lyon)El parque de la Tête d’Or (de “la cabeza de oro”) es un parque como los que tendrían que existir en cualquier ciudad que se precie: en el interior uno se olvida de que está en una ciudad, solo pueden verse árboles y campos verdes alrededor. No se ven los edificios ni se oye el tráfico. Muchas ciudades europeas poseen parques de estas características pero, no tienen animales. Sí, animales, como en un zoo, pero no es un zoo. No me gustan los zoológicos porque encierran a los animales y les imponen condiciones de vida poco dignas. Pero este parque me pareció diferente.

Para empezar, la entrada al parque es gratuita. Y nada de jaulas, el parque está organizado por sectores, dejando grandes espacios a los animales para que puedan pasearse sin ser molestados. El agua de un estanque los separa de los visitantes.

Para los animales más peligrosos, como los cocodrilos o los monos (e incluso una pantera!) ” la libertad” es más reducida, ya que sí que existen vidrios de protección, que aunque encierran a los animales, les dejan espacio para correr, jugar  y saltar con comodidad. Una jirafa se paseaba con sus amigos bueyes como si saliesen de la película del Rey León,  los patos buceaban en busca de comida, las cebras ignoraban a los visitantes negándose a mirarlos y los cocodrilos pretendían ser estatuas para que la gente esperase a ver un simple parpadeo.

Lyon

photo

Tuve mucha suerte de poder visitar el parque antes de que empezase a llover. Como la lluvia no paró en toda la tarde, me refugié en el museo Gadagne, (http://www.gadagne.musees.lyon.fr/) , que incluye el museo de historia de la ciudad y el de las marionetas.

El museo de historia tiene muchas salas  y es que hay muchas cosas que contar! : Lyon en la época romana y su papel como capital de la Galia, la resplandeciente industria téxtil que la hacía formar parte de la ruta de la seda ( en la ciudad pueden visitarse pasajes por los que se transportaban las telas sin necesidad de salir al exterior) y el rol que tuvo durante la Francia ocupada en la II guerra mundial; entre muchos otros capítulos de la historia.

Y las marionetas, pues cuentan con mucha afición en esta región. Guignol, además de ser el nombre de las representaciones, es también el nombre de una marioneta (la que está a la derecha del todo de la foto)  cuyo creador era de Lyon.  Aparte de verlas en las tiendas como souvenirs, existen numerosas asociaciones de guiñol.

Como todos los fines de semana, éste también se acabó, y cogí el TGV (el Ave francés) para volver a París. En tan solo dos horas, ya volvía a caminar por las estrechas aceras de la capital.

Me gustaría volver a Lyon para la Fête des Lumières (fiesta de las luces), quizá el evento más célebre de la ciudad, durante el que se hacen espactáculos de imagen y sonido en las fachadas de los  principales edificios, a principios de diciembre. Tendré que preguntar a mi amiga Audrey si me vuelve a invitar ; )