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Un museo en Venecia…

4 Dic

Ha sido tan solo en mi cuarta visita a Venecia cuando he tenido tiempo para visitar algo un poco diferente de las típicas visitas turísticas que ya había hecho en esta ciudad: los paseos en góndola, el mercadillo en el puente de Rialto, la piazza San Marco y las islas de la laguna, (Murano y Burano, para ver los talleres en los que se trabaja el cristal)…

Grand Canal, Venice

Es bastante normal visitar museos cuando se viaja, pero aún no había tenido la ocasión de hacerlo en Venecia. El museo Guggenheim (www.guggenheim-venice.it) no está lejos de la Gallerie dell’ Accademia, que da nombre al puente de madera sobre el mayor canal de la ciudad y contrariamente a la mayoría de museos, está abierto los lunes. Situado entre dos canales (no podía ser de otra manera), el museo se estructura en torno a su jardín, en el que algunas esculturas dan paso a las diferentes salas: la exposición permanente, la exposición temporal (tan grande como la permanente) y el café-restaurante.

Durante la visita, me llamó la atención ver que entre las obras de Pollock, Braque, Chagall, Miró y Dalí, también había fotos de Peggy Guggenheim. Fijándome más, me dí cuenta de que la casa de Peggy era el mismo edificio que ahora ocupa la colección de arte. Aún están allí la mesa y las sillas del comedor y la discreta chimenea puede apreciarse en alguna foto, así como los cuadros que habían sido parte de la decoración de su casa. Parece ser que la mecenas se enamoró de la ciudad durante una visita a la Biennale y no faltándole los medios para hacerlo, se instaló allí.

El conjunto del museo se impregna de la huella personal de la que fue su propietaria y creadora, lo que despierta la curiosidad y simpatía del visitante hacia Peggy. Una foto suya posando con unos pendientes hechos para ella por Alexander Calder o otra paseando en góndola, hacen parte de los detalles que nos acercan a su persona y que hacen del museo un lugar más íntimo.

Peggy Guggenheim

Tan solo al final de la visita, me llamaron la atención dos placas en un rincón del jardín. En una de ellas figura el nombre de Peggy, allí enterrada. Justo a su lado, en otra placa que reza My babies (mis bebés) se lee una lista de al menos una decena de nombres (unos más originales que otros) y fechas. Se trata de los perros que habían compartido sus días con Peggy y por los que ella sentía devoción. Delante de la tumba hay un gran olivo con una pequeña placa que indica que fue un regalo póstumo de Yoko Ono a Peggy, ahora llamado árbol de los deseos, en el que los visitantes pueden escribir sus deseos en papeles que cuelgan en sus ramas.

Las islas Eolias

6 May

Cuando se visita Sicilia, no puede faltar una escapada a las islas Eolias. Este pequeño archipiélago de islas volcánicas, al nordeste de Sicilia, es de fácil acceso en ferry desde la península. En nuestro caso, Sandra y yo dejamos el coche en Milazzo y nos embarcamos para la isla de Lippari.
Habíamos reservado en Lippari nuestro alojamiento para algunas noches y desde allí visitaríamos las otras islas. Todas tienen alguna particularidad que las diferencia del resto: Vulcano por su fuerte olor a azufre, Panarea por sus elegantes casas de vacaciones, Stromboli por poseer uno de los pocos volcanes activos en el mundo…pero todas están bañadas con agua cristalina y pueden presumir de una variada fauna y flora.

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Durante nuestro periplo por Sicilia, ya habíamos renunciado a la visita del Etna pensando en Stromboli, así que no dudamos en apuntarnos a una excursión en cuanto llegamos. Como ha habido alguna que otra erupción en los últimos años, solo se permite el ascenso al cráter del volcán acompañado de un guía.

Por recomendación de la dueña del apartamento donde dormíamos, reservamos en la agencia de su hija, unas calles más allá. No cabe decir que la población de las Eolias vive del turismo y que fue una suerte poder ir justo antes de que empezara la temporada alta y la población de la isla se multiplicara por tres.

Al día siguiente, iniciamos la aventura partiendo de Lippari en una pequeña embarcación, que nos permitió hacer una breve visita a Panarea antes de llegar a Stromboli. Una vez allí, hay varias tiendas especializadas que alquilan todo el material necesario para el trekking : desde el calzado a las linternas frontales. Hay que ir bien equipado con algo de abrigo, agua y comida, porque aunque el ascenso empieza por la tarde, la excursión acaba de noche.
La caminata bajo el sol empezó a muy buen ritmo. Íbamos cargando con los cascos que son obligatorios una vez arriba, las linternas y las chaquetas (a pesar del calor). Durante la subida, hicimos alguna parada para beber, que el guía aprovechaba para explicarnos la historia del volcán.

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A medio camino, ya veíamos muy lejos el mar y nos dimos cuenta de que la vegetación había desaparecido: la tierra se había convertido en una arena negra, en la que se nos hundían los pies al caminar y que dificultaba la velocidad de la marcha, que en total duró unas 6 horas. Nos pusimos las chaquetas que ahora nos alegrábamos de haber llevado y continuamos el ascenso.
Una vez a 200 metros de la cima (no se permite ir más allá) tuvimos que ponernos los cascos para poder contemplar el espectáculo: entre el humo y la ceniza que traía el viento, podíamos ver cómo empezaba a anochecer. Al lado del sol escondiéndose, veíamos el magma proveniente de las explosiones del cráter. Los estruendos resonaban entre las rocas y hacían que no pudiéramos despegar la mirada del fuego.
Está prohibido sentarse para disfrutar mejor de las vistas porque nunca se sabe si habrá que salir corriendo para esconderse tras una de las barreras protectoras que se encuentran en la cima. Como turistas, a veces un poco inconscientes, empezamos a corear « Explosion ! explosion ! » porque queríamos que en nuestras fotos todo pareciese aún más espectacular. No tuvimos suerte (o quizá sí), y no hubo ninguna explosión fuera de la actividad normal del volcán.

DSCN3601El trekking aún no había acabado, ahora había que iniciar el descenso por la otra ladera de la montaña. Era un camino muy empinado, con mucha arena y algunas rocas. Cada vez que ponías un pie en el suelo, se te hundía, a veces casi hasta el tobillo, por lo que las zapatillas iban llenas de arena durante casi todo el descenso (muy incómodo). Ya no teníamos la misma emoción que a la subida, pero disfrutamos del paisaje nocturno. Bajábamos en fila india con nuestras linternas, iluminados por la luna llena que se reflejaba en el mar, paralelo a nuestro sendero.
Al llegar abajo, nos esperaba nuestro barco para llevarnos de vuelta a Lippari. Nuestras zapatillas y calcetines estaban negros de la arena y hacía mucho frío. Desde el puerto también podíamos ver las erupciones, aunque claro, la emoción no era comparable.

Los murales de Orgosolo

1 Abr

 

Murales en Orgosolo

Se acercaba el final de nuestras vacaciones en Cerdeña y nos dirigíamos hacia el sur, donde teníamos el vuelo de vuelta previsto desde Cagliari. Nos habían recomendado visitar varios pueblos del centro de la isla y sin saber exactamente lo que íbamos a encontrar, decidimos parar en Orgosolo.

Aparcamos en este pueblo de interior, muy visitado en verano pero casi desierto fuera de temporada  y empezamos a caminar fotografiando sus murales en busca de un bar. Al encontrarlo y nada más entrar, todas las miradas se dirigieron hacia nosotros. Inmediatamente, un hombre de piel curtida y con una vieja gorra publicitando la cerveza local se puso de pie (nos sorprendió su muy pequeña estatura) y empezó a hacernos preguntas.

El resto de personas en el bar escuchaba con interés nuestra conversación con Giuseppe, que se ofrecía amablemente a enseñarnos el pueblo. No teníamos tanto tiempo, debíamos continuar el camino hacia Cagliari, pero fue imposible salir del bar sin que nos invitaran a una ronda. Sí que pudimos evitar la segunda, ofrecida por un señor desde una mesa al fondo del bar. No es que quisiéramos menospreciar la hospitalidad sarda pero ese día íbamos a contrarreloj.

Murales de Orgosolo

Salimos entonces a pasear hacia lo que nos indicaron como el centro del pueblo, donde fue ambientada la película « Banditi a Orgosolo » en 1961, en referencia a la violencia y pobreza que Orgosolo conoció en una época. Las pinturas murales hacen referencia a problemas de la vida política sarda e internacional y están presentes en casi todas las fachadas.

Giuseppe nos explicó que cada verano venían pintores de diferentes nacionalidades para trabajar en la restauración de los murales, patrimonio original y único de este pueblo sardo. También nos animó a volver el 15 de agosto, día de máximo apogeo y celebración en Orgosolo y nos hizo anotar su número de teléfono para organizarnos mejor la próxima vez.

La sagra de Bonnanaro

23 Mar

Uno de los momentos que más disfruto cuando viajo es cuando el azar me convierte en la única turista, en la única cámara de fotos entre los lugareños. El hecho de desmarcarme del “resto” me hace sentir especial, como si estuviese descubriendo algo que otros viajeros no han tenido la suerte de cruzar en su camino. Por eso me gusta hablar con la gente y escuchar sus consejos.

Así es como durante un viaje a Cerdeña, mis amigos italianos (Patrizia, Barbara y Marco) y yo nos encontramos en el pequeño pueblo de Bonnanaro, aproximadamente a una hora de Alghero, festejando una sagra. Esta fiesta tradicional que en algún momento debía tener un sentido religioso, se celebra ahora casi a diario durante los meses de verano y tiene como protagonistas al vino y a la gastronomía local.

Una "cantine"

Al aparcar en la entrada de este pequeño pueblo de interior, compramos “el pase” que nos permitió disfrutar del festín. De hecho, yo no había entendido muy bien lo que nos esperaba; creía que pagábamos por una copa. Pero no, por el módico precio de 10€, recibimos una copa vacía y entonces entendí cómo funcionaba la fiesta: junto con la copa, nos dieron un práctico collar-bolsillo para llevarla cómodamente colgada al cuello; así teníamos las manos libres para comer, porque claro, también había comida! También nos dieron un mapa de las cantine de Bonnanaro, bodegas que abren sus puertas y ofrecen sus mejores vinos.

Empezamos entonces, copa en mano, a pasearnos por Bonnanaro guiándonos más por los grupos de gente que se formaban en las cantine que por el mapa, Al ir degustando el vino, se nos iba abriendo el apetito,  cosa que nos incitaba a probar las especialidades gastronómicas locales y de las que yo destacaría los variados tipos de queso de oveja y cabra de la región.

Para no perder la copa!

Además de la comilona o de la borrachera, según se mire, tuvimos la ocasión de hablar con la gente del pueblo, algunos muy halagados por tener visitantes extranjeros o de “Italia” (del continente, se entiende). Pasamos buena parte de la noche cerca de un escenario donde un grupo tocaba  música tradicional sarda e incluso bailamos con nuestros acogedores amigos.

Acabamos allí casi por casualidad, pero esa fue,sin duda,  la noche que más nos divertimos en Cerdeña.