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Un día en Ciudad Bolívar, Venezuela

20 Ago

Después de haber hecho escala en Roma, aterrizamos en Caracas, donde la diferencia horaria era de siete horas y media, sí, y media, “para no coincidir con la hora de Estados Unidos”, bromeó alguien aún en el avión.  Teníamos que esperar algunas horas antes de coger el vuelo que nos llevaría a Ciudad Bolívar. Sandra y yo habíamos decidido no visitar Caracas (nadie nos recomendó la visita). De todas maneras, teníamos que salir para hacer el check-in del próximo vuelo en otra terminal.

Al vernos con las mochilas, los policías se nos acercaron para ver si queríamos cambiar dinero. Todos los venezolanos saben que los turistas van cargados de dinero en metálico: cambiando “en negro” en cualquier pensión o agencia de viajes, el cambio es de 9/10 bolívares por euro. Si se retira dinero en un cajero, el cambio es de menos de 5 bolívares por euro, lo que hace la estancia en el país mucho más cara. Ignoramos a la policía, sabíamos que podíamos cambiar de forma segura en la pensión donde íbamos a alojarnos.

Comparado con el vuelo transatlántico que habíamos hecho, el vuelo a Ciudad Bolívar fue corto. Ya no estábamos rodeadas de europeos, quizá éramos las únicas. Al aterrizar ya era de noche y nos estaban esperando para llevarnos  a la pensión donde pasaríamos la noche. Una vez allí, nos acogió una voluminosa mujer que rondaba la cincuentena y que regentaba la pensión con su marido (que había venido a buscarnos). Nos dio la bienvenida y nos recalcó que a la mañana siguiente nos prepararía un buen desayuno completo, con café, huevos, mantequilla,…  y nos daría información sobre la ciudad.

A la mañana siguiente, Sandra y yo, descansadas del viaje, nos instalamos en la cocina donde se servía el desayuno, que como bien nos dijo la señora, estaba compuesto de huevos, café, mantequilla y unas tostadas. La verdad es que esperábamos algo más en el desayuno completo (sobre todo yo, ya que no me gustan los huevos), pero esto no nos impidió comenzar el día con buen pie. Teníamos todo el día por delante para visitar Ciudad Bolívar, que situada al lado del Orinoco, es el punto de partida por excelencia para Canaima y el Salto del Ángel.

Ciudad Bolivar  Catedral de Ciudad Bolivar

Hacía un calor pegajoso que te asfixiaba si caminabas al sol. Por suerte, el centro histórico no era extenso y los antiguos edificios públicos coloniales de grandes patios que visitamos eran muy frescos. Las fachadas estaban pintadas de colores llamativos y las calles eran empinadas.

El Orinoco

Habiendo dejado atrás la zona más turística, un restaurante con una gran terraza a la sombra nos pareció un buen lugar para comer el plato típico: el pabellón criollo. Este plato tradicional es a base de carne, judías negras, queso, plátano frito y arroz básicamente. En aquella época aún comía carne; recuerdo haber comido mucho pollo durante el viaje. A menudo nos preguntaban: “quieren pollo o carne?”, como si el pollo no lo fuese…

Por la tarde, decidimos ir a visitar el Museo de Arte Moderno Jesús Soto, situado en las afueras de la ciudad, pero accesible a pie.

La gente no entendía que quisiéramos caminar para ir a los sitios, y se sorprendían cuando decíamos que ir a un sitio a quince minutos a pie, no era lejos. Los venezolanos van en coche a todas partes. Todo el mundo tiene coche, aunque esté destartalado y tenga bolsas de plástico en lugar de vidrios en las ventanas. La gasolina, más barata que el agua, está al alcance de todos.

Nos pusimos en marcha para el museo. Teníamos un mapa, y salíamos del centro de la ciudad siguiendo la carretera, cuando unos nubarrones amenazadores aparecieron en el cielo. No hicimos caso y seguimos nuestro camino, no debíamos estar muy lejos. A medio camino, se desató la tormenta estival que nos perseguía. No teníamos donde refugiarnos, excepto bajo algunos árboles al lado de la carretera, donde también nos mojábamos. No nos importó el remojón, que fue muy refrescante, el problema es que llegamos al museo chorreando y el aire acondicionado estaba a tope. Fuimos al baño para escurrir la ropa e intentar secarnos como pudimos y aunque pasamos algo de frío, tuvimos suerte y no nos resfriamos.

Nunca había visto tantos vigilantes en un museo tan vacío. Éramos las únicas visitantes en ese momento, y uno de los vigilantes, que vio la oportunidad de escapar al aburrimiento, se nos ofreció para hacernos de guía. El museo, bastante grande, se encuentra en un edificio moderno y expone muchas obras de Jesús Soto y de otros artistas internacionales. Personalmente no conocía al artista, y visitar el museo fue una muy grata sorpresa. El museo fue construido a petición del mismo Jesús Soto (que vivió durante muchos años en Europa) para acercar el arte moderno a su tierra natal. Además, como hay bastante arte cinético, muchas obras requieren la participación del visitante, lo que hace la visita muy  amena.

Plaza Bolivar

Antes de las seis de la tarde, hora en que anochece, estábamos de vuelta en el centro de la ciudad. Fue un día muy completo y suficiente para visitar Ciudad Bolívar.  Fuimos a cenar y preparamos nuestras mochilas para pasar unos días fuera; a la mañana siguiente nos íbamos de excursión durante 3 días al Parque Nacional de Canaima, donde íbamos a ver el Salto del Ángel, la catarata más alta del mundo. Era la mejor estación del año para ir, en verano, en plena temporada de lluvia, cuando el río es más caudaloso. Dejamos el resto de equipaje en la pensión, donde volveríamos a pasar una noche volviendo de Canaima.

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